Las cuatro fases del orgasmo

Las cuatro fases del orgasmo

Todo se pone en marcha en la fase de excitación. Los labios vaginales, el clítoris y el pene se van llenando de sangre para aumentar de tamaño y de sensibilidad. El corazón comienza a acelerarse, la vagina empieza a lubrificarse, los músculos se van contrayendo y la respiración se va acelerando.

La fase central del orgasmo es la meseta. La sensibilidad en la vagina y en el pene llega al máximo nivel. El corazón late más rápido, aumenta la tensión arterial y la respiración se acelera hasta provocar jadeos. La vagina está lubrificada y el pene puede expulsar líquido preseminal. Ya no hay vuelta atrás…

Cuando llega el orgasmo el mundo se para, nada importa. Es el momento de máximo placer, donde los cuerpos se contraen, se estremecen…. Llegan los espasmos pélvicos, la eyaculación, los gritos de placer y se libera toda la tensión sexual acumulada.

Después del orgasmo el cuerpo vuelve poco a poco a su estado normal. Es la fase de resolución. Mientras el corazón recupera su ritmo habitual disfrutas del vínculo establecido con tu pareja; mientras el clítoris y el pene vuelve a su tamaño sientes la satisfacción sexual e incluso aumenta el amor entre los dos.

El dedicar más tiempo a una fase u otra depende de cada pareja y de cada momento. Se puede alargar más la fase de excitación, por ejemplo, disfrutando más de esos minutos de calentamiento mutuo. O se puede alargar al máximo la fase de meseta, parando justo antes de llegar al orgasmo, para luego volver a empezar.

Sea el ritmo que se lleve lo más importante es, sin duda, disfrutar de un orgasmo tras otro.

Lorena y Mario.

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